Blogia
Un corazón equilibrista...LoKuRa

Almas en color sepia

La Taberna de Angel

La Taberna de Angel

Ángel se levanta cada día a las 6 y levanta la persiana a las 7, siempre en punto. Lleva siempre la misma camiseta roja de tirante fino, como si tuviera cientos de ellas todas del mismo color en el armario.

Enciende las luces y las neveras y también ajusta los casquillos de la cafetera.

Yo entro aún medio dormida, siempre a comprar tabaco, dame cambio y ángel me cambia la moneda de 2€ que nunca me coge la máquina por una sonrisa.

¿ que... a trabajar? Me pregunta..y se oye la máquina tragaperras que madrugadora ya ha dado su premio.

Somos pobres Angel... y abro el monedero y el me alcanza un número que hoy acaba en 4... que mira que si me toca no vengo mas tan temprano a comprarte tabaco, y el se ríe y se masajea la nuca con la palma de la mano. Pobres los del Sahara me dice siempre, y me cuenta una de sus batallas, siempre nueva de cuando estuvo de legionario en el desierto,  levanta el dedo y señala una de las fotos de la pared.

Luego entra su mujer, que es algo retrasada y coge el cuchillo para cortar el jamón, ibérico, si miras hacia arriba no alcanzas a ver el techo, todo esta cubierto de ese olor a jabugo y a queso manchego.

Trae Rosa, a ver si te vas a cortar....y le retira el cuchillo de las manos, porque no preparas los boquerones, le dice con mimo... y yo me voy y los dejo ahí... como cada día en la taberna... que durante el día va llenándose de personajes pintorescos que se llenan la panza con el mejor queso en aceite y jamón del barrio, cortadito a lonchas finas por unas manos grandes.

Hasta luego Ángel, le digo casi en la puerta...hasta luego, contesta, siempre desde la cocina.

 
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

El lugar de siempre

El lugar de siempre A veces al regresar al mismo lugar de siempre... te das cuenta de que no son las cosas las que han cambiado, sino tu.

LA LAMPARA Y EL HEROE

LA LAMPARA Y EL HEROE

El libro Santillana  era como el pregón de que las vacaciones habían llegado.

Mamá repetía constantemente que me portara bien, que hiciera caso a la abuela y que no me peleara con Cristian, mi primo. Yo asentía con la boca llena de chorretes de chocolate, porque estaba comiéndome un helado y mama a la vez desistía del intento de hacer que la coleta quedara justo en el centro de la cabeza.

Fuimos a buscar a mi primo y luego a la estación de autobuses, era el primer año que nos iríamos solos el y yo, mamá nos rodeo la cara con sus manos y nos dio unos besos mientras repetía que fuéramos buenos y que nos lo pasáramos bien. Decía adiós con la mano y desde la ventana aún podía leerle los labios: - hazle caso a la abuela- yo sonreía como si no pasara nada y mi primo me mordía una rodilla porque el se había pedido ventanilla y yo se la había quitado. Al doblar la esquina ya estábamos estirándonos de los pelos y dos kilómetros después ya estábamos jugando de nuevo.

 

Fueron 13 horas de viaje.

Al llegar al pueblo mi abuela nos estaba esperando. Llevaba una bata de flores y dos bocadillos de chorizo.

Nos dio un abrazo y fuimos andando hasta la casa de pueblo. Nos peleamos por quien iba a dormir en la cama de la pared y después por censo ( nos la jugamos a piedra papel tijera) me la quede yo.

 

Pasábamos las tardes en la plaza de la iglesia comiendo pipas y haciendo pompas con 5 chicles de fresa en la boca. Jugábamos hacer carreras y a robar melocotones y jugábamos a la expedición de los piratas en aquel río seco donde ya solo quedaban culebrinas.

Dormíamos la siesta y bebíamos agua fría de un botijo de barro.

Una tarde cuando el abuelo dormía y mientras jugábamos rompí la lámpara de la mesita, fue al intentar hacer puntería con un zapato para darle a mi primo. Mi abuelo se despertó furioso y pregunto quien había sido....

A mi se me abrieron los ojos como platos y luego los cerré cuando vi que mi abuelo levantaba la mano, entonces una vocecita dijo: YO

En aquel momento me pareció un héroe y mientras el abuelo le daba unos azotes yo también dije YO, incluso lo repetí varias veces, abuelo he sido yo, he sido yo!

Hubieron azotes para los dos y nos pasamos el resto del verano ayudando a la abuela con las tareas de la casa.

Al regresar, deje que mi primo se sentara en el autobús junto a la ventana... luego el me mordió de nuevo la rodilla... fue entonces cuando entendí... que a él siempre le había dado igual donde dormir o donde sentarse... así que le estire de los pelos y dos kilómetros después ya estábamos jugando de nuevo...

LA NIÑA CALEIDOSCOPIO

LA NIÑA CALEIDOSCOPIO

Hace tiempo... un amigo escribio algo para mi... arranco una hoja de su imaginaria libreta y me la obsequio con un enorme lazo rojo, porque asi van envueltos todos los grandes regalos. 

                            LA NIÑA CALEIDOSCOPIO

Los días siempre son así, distintos, pero del mismo modo. Del mismo color las paredes donde trabajas, en el mismo orden las mesas, en el mismo sitio los cuadros, la misma gente al lado........sólo la misma luz del sol lo hace distinto...sólo la misma hora pasa igual que ayer, pero con distinta sensación de no saber que minuto fue... sólo el agua cae del mismo grifo con capricho de nuevo camino, igual, día tras día, camino distinto....quizás también las personas son siempre así, mismo color, mismo orden ortodoxo de formalidad y educación, mismo sitio y habito de gesto, pero distintas según el día, pero ellos siempre son así, igual.........pero un día ves algo distinto, distinto entre lo que es siempre igual, vi a la niña caleidoscopio.

Siempre anda quizás igual, pero hoy distinto que ayer y distinto del otro ayer, siempre sonríe, centro donde obliga la mirada, porque parece que su sonido sordo hace que no oigamos nada más, pero oyes los pasos antes de que llegue y pase delante de ti y sonría, con vestido de color cada día distinto, hay un nuevo color, uno que no pensaste, uno que conoces pero hacía tiempo que no veías, mañana otro color, tampoco lo imaginaste y otro, tras otro, tras otro, siempre distinto...me gusta, da color a la palabra gente, da sonrisa a la mudez del gesto habitual, da un gesto de saludo al verte, hoy te da la mano, agrada la caricia del gesto..............dile adiós, ya se fue, pero quizás una vez mas volverá mañana, siempre así, siempre distinta pero no del mismo modo y nuca del mismo color......

ALICIA

ALICIA

Alicia vivía en el tercero del bloque de enfrente.

Se que se llamaba Alicia porque un día oí como su madre la llamaba por la ventana para recordarle que subiera el pan.

 

Llevaba un vestido blanco con flores violetas que dibujaban a la perfección sus piernas flacas, le llegaba justo a la medida donde aún podías verle aquellas rodillas pequeñas y huesudas.

 

Su hombro quedaba desnudo bajo aquel tirante  y su nuca siempre despejada por una coleta me hacia suspirar desde la otra ventana en aquellos meses de Agosto... hace calor decía mi madre que agitaba un abanico amarillo y yo, ausente respondía con un monosílabo para no perderme ni un segundo de lo que duraba tan solo un minuto.

 

A veces Alicia salía a tender la ropa siempre con aquel pañuelo que adornaba su cabeza y cruzábamos unas palabras, yo me apoyaba al borde de la baranda y ella me contaba historias de viajes que jamás había echo. Soñaba con viajar y ver cada rincón del mundo y su imaginación era tal que podía trasportarte con sus palabras a cualquier parte lejos de aquel barrio... podías ver tras los edificios las montañas que tanto describía y cada uno de los paisajes que ella imaginaba.

 

Y así transcurrieron los veranos y los inviernos, cada vez pasábamos mas horas junto a la ventana y ella cada vez bajaba menos a la calle.

 

Una noche bajo el silencio de todo lo que esta dormido me confeso que estaba enferma y yo... le confesé que estaba enamorado y baje rápidamente la persiana. Teníamos 15 años.

 

Poco tiempo después tras añorar su presencia  me decidí a tocar el timbre.

No estaba.

Su madre me dijo que Alicia le había dejado una cajita para mi.

Me fui a casa y junto a la baranda la abrí... en su interior y envuelto en su pañuelo había un papel  donde podía leerse junto a un corazón dibujado a rotulador : YO TAMBIÉN

 

Han pasado muchos años ... ya nadie se asoma aquella ventana.

Desde entonces cada vez que puedo hago algún viaje y veo todo aquello que ella vio a través de los libros.

 

Al regresar siempre guardo una foto del lugar que he visitado en aquella caja, envueltas en su pañuelo.

Me siento junto a la baranda, hace calor dice mi madre mientras agita un abanico... y yo... respondo con un monosilabo ausente para no perderme  ni un segundo de todo lo que recuerdo en un minuto.

     

CAFE PARA LAS VISITAS

CAFE PARA LAS VISITAS

Siempre desaparece entre la multitud... ajeno a todo lo que le rodea. La mayoría de veces se presenta sin aviso previo y siempre anda ajetreado, aunque el dice que soy yo la que anda ajetreada y que por eso no le veo.

Hoy estaba haciéndole un nudo a la bolsa de la basura y al volverme me lo he encontrado de pie junto a la puerta de la cocina, ¡ hombrepordios! Pero que susto me has dado! Ha sonreído mientras acariciaba a mi gata y yo... le preparado un café.

 Nunca se lo toma, pero dice que el olor a café recién echo le encanta y le trae recuerdos.

Ha parado un rato el minutero al tocarlo con la mano y nos hemos sentado en la terraza, me ha traído noticias de calma y me ha dado consejo y también me ha dicho que guardara los plátanos en la nevera antes de que se pusieran malos.

Antes de que se fuera, le pedido que como yo ahora no le estoy dando mucho trabajo que si se podía quedar con ella todo el mes de agosto.... entonces me ha dicho que esta cansado de ser un pluriempleado, y que por allá arriba todo el mundo anda ya de vacaciones pero que ya moverá los hilos para mandarle a alguien.

Hemos quedado que el 23 de Julio que es mi cumpleaños vendrá a dejarme algo, le he insistido como si fuera una niña pero no ha soltado prenda, se ha ido en plan cascarrabias refunfuñando y antes de desaparecer entre la multitud me ha echado un guiño de ojo,y me ha dicho que lo estoy haciendo muy bien y al darse la vuelta... bajo el chaqueton ( que hay que ver... con el calor que hace) le he visto las alas.

He cerrado la ventana del balcón y el minutero se ha vuelto a poner en marcha.

FANTASMAS

FANTASMAS

Ya no retumba el silencio bajo mi almohada.

Ya no hay fantasmas que arrastren las cadenas del pretérito, solo sombras que se desdibujan ,solo formas que se pierden bajo la oscuridad que quedo lejos simplemente porque ya no miro hacia ella.

 

El eco ya no grita tu nombre, ahora cierro los ojos y me cuesta perfilarte con el dedo. Me cuesta masticarte, tal vez ya no hace falta, tal vez el corazón ya hizo su digestión... tal vez ya esta lleno y alimentado y eso lo hace mas fuerte si cabe, tras la fragilidad de la porcelana.

 

Ya no hay fantasmas que golpeen la puerta incierta del presente, ya no hay susurros a media noche, ya no es tu voz la que acuna esta alma que no duerme, ya no son tus brazos aquellos que eran invisibles aun siendo carnales los que mecen mis sueños, ya nada pende del hilo que no tejiste. Me convertí en una araña y tejí sin darme cuenta la verdad, la perspectiva y el espejo en el que no te reflejaste porque no eras tu.

 

Ya no hay espacio, mas que para recordar lo que aprendimos.

Pero no voy a olvidarte, si lo hiciera todo habría sido mentira...el sentimiento se desdibuja y queda tan solo aquello que fuimos.

La esencia de aquello que nos dimos.

La medida en la que aprendimos que aún podíamos dar mas.

El descarte que nos ayudaría a reconocer aquello que se tejió para nosotros, sin ser tu, sin ser yo... en otra boca, en otros ojos... en otra alma, todo lo que hubiéramos querido encontrar en nosotros.

 

El recuerdo solo deambula a veces y por asomo frente a mi alcoba en días bisiestos.

Ya no... ya no hay fantasmas prisioneros que permanezcan con la luz encendida.

EL HOMBRE DE LA CASA

EL HOMBRE DE LA CASA

Matías era un tipo duro.

Un hombre rudo, sus arrugas delimitaban el tiempo.

Fumaba puro y nunca llegaba a casa antes de que hubiera caído el sol.

Con suerte se apoderaba en silencio del mando a distancia, y permanecía inmóvil, como inerte frente al televisor en aquel sillón orejero.

Algunas llegaba tan borracho que se tambaleaba por el pasillo hasta vomitar junto a la mesita.

Otras en cambio golpeaba sin ninguna excusa.

David y yo permanecíamos en la habitación, el tapaba sus oídos con las manos y yo me acorrucaba bajo su brazo. Con el tiempo eso dejo de callar los gritos ensordecidos y retumbaba en las paredes el recuerdo de aquello que fuimos un día, una familia.

David no dijo nada, se levanto del suelo y antes de abrir la puerta me miro y dijo... vamos a ser felices.

Cesaron los gritos y extrañado por el silencio salí a ver.

En el pasillo había un charco de sangre... y aquel hombre que hacia tiempo que había dejado de ser mi padre yacía en el suelo, aún parpadeaba.

Mi madre permanecía muda y pálida.

David colgó el teléfono, se arrodillo frente a mi y me cogió de los brazos, ahora tu eres el hombre de la casa, dijo.

15 minutos después llego la policía.

MAGIA

MAGIA

Hay un día del año, donde esta ciudad dormitorio se vuelve como antaño en un pueblo de los de siempre... t todos salimos de la colmena. Donde las mujeres mayores se llenan los parpados de sombra y sus maridos se afeitan... salen una vez al año de la mano...

Los niños revolotean con vengalas, los jovenes llenan de risas y gritos cada pequeño rincon de las calles estrechas...el pueblo toma el olor del algodon de azucar.

Entonces en un instante todo se hace una unidad... el pueblo se oscurece, la gente apaga las luces y se asoma a los balcones.

Y todos, sin diferencia guardamos silencio durante 20 minutos, mirando al cielo. 

Por un momento la magia existe, y tu estas conmigo rodeandome con el brazo.

                                                          

LAS CARTAS QUE NUNCA RECIBO

LAS CARTAS QUE NUNCA RECIBO

Hubiera bastado un carta, un solo trazo... para acabar con los reproches, con la distancia... con esas endurecidas heridas, que de tan viejas ya no sangran...

Hubiera bastado para derribar muros...dejar caer tan solo un lápiz sobre un folio blanco.

 

Pero a veces... las cosas son tan complicadas... que ni siquiera podemos escribir sobre ello.

 

Y yo sé ... que muchas veces lo has hecho... enfrentarte a ti mismo y a tus demonios frente a un papel.... pero para que los míos dejen de estar enjaulados... también has de enviarlas.

 

LORENA

LORENA

Había dejado la autovía, aquella vieja carretera de curvas no había cambiado nada... tan solo era un anticipo de todos los recuerdos que empezaban anidar en mi cabeza.

Sonaba Rem en lo que ya no era un cuatro latas, ya hacia años que me había comprado este coche, tan practico que tan solo bastaba estirar un poco la mano para alcanzar el cenicero, que después de tantos kilómetros ya estaba atestado de colillas.

 

 

Abrí la ventana y aspire el olor de la jara en flor, era de noche y tras la ventanilla no se veía nada... pero eso no impedía que yo viera el campo, precioso por estas fechas...

La primera bienvenida de mis ojos fue la casa del herrero, en frente el Aureliano y a su vera, el Antoñico que se caso hace ya con Maruja, la hija de Lucas el de la boina.

Y la farola donde le levantaba la falda a la Dolores, y la plaza donde comía pipas imaginando como sería la vida en la ciudad, lejos de todos aquellos que querían quedarse siempre allí, en la plaza de la iglesia.

 

 

No me había ido tan mal, había conseguido acabar la carrera y aunque no soy un abogado de prestigio ya tengo el lujo ejerzo y estoy hipotecado con zona ajardinada a 30 años.

 

 

Apenas amanecía y el sol anaranjado golpeaba los cristales, me lave la cara y me mire al espejo... aquel reflejo era tan distinto al de por entonces... unas cuantas arrugas mas y un poco menos de pelo, pero bajo aquella americana del cortefiel seguía siendo el mismo provinciano que había permanecido enamorado en sus adentros de aquella quinceañera que no me dejaba besarla porque no estábamos casados... solo el día que me fui me dio la miel de sus labios después de haber bailado aquel pasodoble que nos permitía estar cerca el uno del otro, aquel juego de pasos que acercaba su piel y mi piel bajo aquellas calles pequeñas... sobre aquellos adoquines viejos... no he vuelto a verla hasta ahora.

Me da miedo...me da miedo perderme de nuevo en los rizos de su pelo y en la redondez de sus hombros... en el escote de barco...

Lorena... la hija del aceitunero, la que hoy se casaba.

Pase la corbata entre mis dedos, le di la vuelta y apreté el nudo.

Habían pasado 15 años, hacia tiempo que no regresaba...pero aquí... en este pueblo, el tiempo... el tiempo no pasa.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

EL HORFANATO

EL HORFANATO

Hay amores que que nunca mueren, porque nunca vivierón.

Tan solo permanecen en ese punto donde se gestaron, abandonados a las manos del destino. Aquel lugar que recordamos siempre pero al que rara vez regresamos.

Amores huerfanos les llamo yo.

La carta

La carta Entró en casa, dejó las llaves sobre la mesa y colgó en la silla el abrigo. Cruzó el pasillo hasta el salón y acarició el lomo de su gato.
Cogió una copa y la lleno de áquel ponche que reservaba sólo para ocasiones especiales.
 

Sonaban los Beattles.

 
Después, como si  de pronto recordara, se giró y caminó hacia el bufet que separaba el salón del resto del apartamento. Tomó la carta de nuevo, y lentamente, mientras crugía el papel en sus manos, la abrió hasta encontrar lo que había ido a buscar con la compañía de su copa.
 

Se mantuvo así, con la mirada fija en aquel laberinto de palabras, durante un instante interminable, con la carta en una mano y la copa de ponche en la otra, mientras saboreaba aquel texto de una forma más intensa que el líquido encerrado en aquel cristal de bohemia. Y al final, una especie de sonrisa, a la vez de satisfacción y de tristeza rompió aquel recuerdo que había compartido con él mismo.

 
Veinte minutos después, con su cazadora de cuero, el casco en la mano y las llaves de la moto, se dirigió a las escaleras una vez más, eludiendo su ritual nocturno frente al televisor.
 
El Paseo de Gracia estaba precioso por las noches. Las luces de la Pedrera, el Boulevard Rosa, la Casa Batlló con aquellos mosaicos en las paredes. Los  reflejos de las luces de las farolas de la Plaza Catalunya, poblada a aquellas horas de una auténtica barabunda de razas, etnias y colores.
 
 Por fin, se detuvo frente al Triangle, en uno de aquellos parkings atestados de scooters.
 

Y mientras se desabrochaba la chaqueta, la vió sentada en la terraza del Zurich, de espaldas, frente a una Moritz, como siempre.

 

Y una sonrisa a la vez de satisfacción y de tristeza le delvolvió a la mujer que había perdido hacía tanto tiempo...

 
 

La carta II

La carta II Cogio el teléfono e intento marcar áquel número. Al levantar el auricular se dio cuenta que a aunque ya habían pasado mas de cinco años, aún podia recordarlo de memoria...colgo al primer tono, no pudo.
 
Se llevo un cigarrillo a la boca y prendio una cerilla...y se quedo inmovil unos minutos mientras jugueteaba con una pequeña triumph boneville de madera que había sobre la mesa de su escritorio.
 
Pulso el play del reproductor y alcanzo dos folios en blanco.
Tejio con sus manos una telaraña  echa de todas aquellas cosas que nunca le había dicho. Cerro el sobre y lo guardo en el bolso. Se masajeo el cuello, echo la cabeza hacia átras y descalza, recorrio el pasillo. Dejo correr el agua mientras se desnudaba. Necesitaba un baño.
 
Había pasado una semana...revolvio el armario hasta encontrar aquella falda roja, se puso unos tacones negros y camino hasta el lavabo. Y luego, frente al espejo, como quien da un ultimo vistazo, deslizo el carmin sobre sus labios.
 
Todo le parecia un absurdo y a la vez la unica forma de que todo cobrara sentido, como si por primera vez se estuviera enfrentando a aquello a lo que se nego tantas veces.
 
Temia tanto su ausencia como su llegada, y encontro un comodo refugio al sentarse de espaldas en aquella terraza del viejo Zurich, que aquellas horas ya estaba llena de gente.
 
Pidio una Moritz y antes de que pudiera darle un trago reconocio aquel perfume y vio caer sobre la mesa la carta que ella había escrito. Y sonrio.
 

EL GRADUADO

EL GRADUADO

Corrían los 90... yo tendría 12 años. Por aquellos días andaba haciendo recortes de revistas para luego pegarlos en aquella carpeta de gomas, gritábamos a los hombres G, cantábamos canciones de los Inhumanos y por entonces ignorábamos la sexualidad de George Michael.

 

 

Me pase toda la EGB adorando aquel niño, tres cursos mas mayor que yo.

Empecé haciendo volteretas en la portería de fútbol mientras el esperaba que alguien se acercara con el balón... y luego pase a sentarme en las gradas dejando ver algo mas de madurez.

Lo recuerdo... como no voy a recordarlo... bajo aquel sol de Junio, Nacho se quitaba la camiseta en el partido o la ponia sobre sus hombros apoyándola tras su cuello... dejando al descubierto aquel saco de huesos y piel blanca que por entonces tanto me hacían suspirar....me parecia tan masculino... a veces incluso al darle la vuelta al campo y pasar por mi lado... creía incluso que me miraba y me sonreia... pero mientras a mi se me iba llenando la cara de pequeños granos, el ya salia con chicas del colegio de esas que ya tenían pecho.

 

 

Llego su graduación y su ultimo dia de clase... sonó el timbre y todos corrieron a sus clases abandonando el pasillo.... entonces sucedió.

Cogió mi mano entre el gentío y sin decir ni una palabra me llevo al lavabo... yo me quede mirando como cerraba la puerta.

Se acerco, se inclino un poco... rodeo mi cara con sus manos y me beso.

Abrió la puerta y antes de irse se volvió a mirarme y sonrió.

En ese instante entendí... que durante años tal vez los dos habíamos esperado ese momento... o tal vez... simplemente me regalo aquel beso que siempre recordare como el primero.

Nunca volví a verlo.

 

 

Porque lo dice Sabina

Porque lo dice Sabina
Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir,
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi,
como un perro de nadie,
ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.

Tenían razón
mis amantes
en eso de que, antes,
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón
en los huesos
y yo de rodillas.
Desde el taxi,
y, haciendo un exceso,
me tiró dos besos...
uno por mejilla.

Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina,
y, por esas ventas
del fino Laína,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando
la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.

Y eso que yo,
para no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.

Dijo hola y adiós,
y, el portazo, sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que, así,
se vengaba, a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa...
siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga
y la falda muy corta.

Me abandonó,
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó del espejo
su vivo retrato,
y, fui, tan torero,
por los callejones
del juego y el vino,
que, ayer, el portero,
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento,
en el mismo momento
que ella me lo mande.
 
 

He oido

He oido

A veces me siento una bomba de relojeria a punto de explotar. Nunca se por donde voy a salir.Es entonces cuando cierro los ojos... como si supiera que la felicidad existe porque un día me oí hablar de ella.

Cuando eramos Power rangers

Cuando eramos Power rangers

Recuerdo aquellos días....si... una iba por el mundo con sandalias de goma, te llenaban la cabeza de colonia nenuco, soportabas que te fumigaran con locion anti-piojos y luego te urgaban como si fueran monos.. te subian los calcetines hasta las rodillas y los abujereabas siempre del dedo gordo... te abrigaban tanto que apenas podias andar y te remetian las sabanas y las mantas por dentro, dejando tan solo al aire una pequeña nariz con forma de boton.
Eras el mas bajito de la clase y siempre empezabas la fila, o bien cumplias años en agosto y no podias llevar caramelos al colegio para que te coronaran...

Pero por entonces uno podia con todo tan solo porque iba vestido de power ranger...

A veces al crecer... se nos olvida de que aun, a veces... y si lo creemos fuerte todavia tenemos super poderes.

Roberto

Roberto

Se llamaba Roberto, si... Roberto... era aquel niño raro. Lo recuerdo porque alguna vez creí ver algo bajo aquella mirada triste y aquel semblante cabizbajo. Andaba siempre con una coleccion de cromos de jugadores de beisbol, se sentaba solo en el segundo escalon de su rellano y los miraba una y otra vez... recuerdo haber salido de casa a jugar una mañana de domingo y al regresar, cuando el sol ya había abandonado la tarde... Roberto seguia alli, como inmovil e invisible a los ojos de todos, tranquilo... y solitario en aquellas escaleras.

Por aquel entonces yo era una niña de pelo alborotado y rodillas magulladas y el en cambio, con aquel aspecto de niño desvalido y desgreñado llevaba un pantalon intacto, sin ningun parche ni rodillera, alguna vez me dio por inventarle historias en mi mente y pensar que estaba enfermo, en el mejor de los casos imaginaba que con aquel semble tan raro, aquella boca llena de hierros y aquellas gafas tan grandes podria tratarse algun joven inventor loco.

Nunca hablamos... tan solo nos cruzabamos cuando el sol ya había caido y nos dedicabamos una mirada.

Hoy, despues de casi 15 años me lo he encontrado. Como de costumbre iba solo bajo un paraguas, seguia teniendo el mismo semblante aunque su desgarbo habia mejorado con los años, al encontrarnos, como siempre en silencio nos dedicamos una mirada y como un reflejo involuntario los dos bajamos la cabeza. El subio al autobus y yo... me di cuenta de que el sol una vez mas habia abandonado la tarde.

Supongo que hay cosas que nunca cambian. Se llamaba Roberto, si... ahora lo recuerdo.

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

El hombre del traje gris

El hombre del traje gris

 

Sobre su sien asomaban unas enormes patas de gallo, perfectas para acompañar su pelo blanco, siempre peinado hacia atrás.

Veía el mundo desde 1.80 de altura y el abrigo le cubria hasta debajo de las rodillas, paseaba una barata elegancia con soltura.

Llevaba siempre un traje gris y un maletín.

Llegaba tatareando un tango, su presencia siempre inadvertida sonaba a violin y sus pasos hasta la mesa del fondo sonaban a chelo viejo. Tenía la mirada perdida y pasaba horas muertas colgado del pendulo de la ausencia, mirando a un punto fijo.

Jamás volví a cruzarme con unos ojos tan llenos de vacio, es cierto... pero también diria que jamás ví ha alguien cantarle a la derrota con tanta alegría.

Café solo, y sonreia mientras doblaba con cuidado su abrigo y colocaba aquel maletín sobre la mesa, nunca le ví abrirlo, tan solo lo paseaba de arriba abajo alli donde iba.

Cantaba aquella canción que sólo oí de su boca y movia el azúcar con la cucharilla del café, miraba a la gente y sonreia ha todo áquel que le devolvía la mirada.

Nunca cruce con él mas de dos palabras, me gustaba preservarlo así, desconocido....

tan solo me limitaba a servirle el café, luego limpiaba las mesas cercanas sin quitarle ojo al maletín... él descubria mi curiosidad y me sonreia una vez mas, como si pudiera leer en mis ojos lo que yo estaba pensando...

Me gustaba imaginar que era una especie de duende adulto que se dedicaba ha oír los sueños de la gente en su silencio, aquellos que la gente acaba olvidando, aquel descuido de dejar de intentarlo... me gustaba pensar que guardaba imposibles y que después con aquellas manos grandes los metía en su maletín, como si fuera un cazador de sueños perdidos.

Luego imaginaba que cruzaba el parque hasta llegar a casa y que alli, en su soledad, alimentaba de ilusiones aquellos frágiles sueños hasta hacerlos grandes y fuertes... les daba el último golpe de cocción y cuando ya estaban listos para ser cumplidos, se los devolvía a sus dueños para que los trabajaran como a la arcilla.

 

La gente hablaba de él entre murmullos, decían que era un enajenado argentino y que vivia en la residencia siquiátrica que había al doblar la esquina de la cafetería, decían que se pasaba las tardes en el parque dándole de comer a las palomas, sentado siempre en el mismo banco.

Durante años oí aquel tango, hasta que dejo de venir.

Una semana después una señorita vestida con una bata blanca se acerco a la barra y pregunto por mi, deje las ultimas copas de cristal sobre el estante y me acerque, me dijo que Francisco, que así se llamaba le había dicho que me diera aquel maletín.

De camino ha casa lo abrí, estaba vacio.... como si ya hubiera repartido todos aquellos sueños que había almacenado durante casi toda una vida.... tan solo había en un pequeño bolsillo una fotografía de dos amantes bailando un tango, ella, preciosa vestia de rojo y él llevaba el pelo peinado hacia atrás.

Cruce el parque y ví a las palomas que aún esperaban al hombre del traje gris, me acerque y deje el maletín sobre el banco y volví a casa tatareando aquella canción que solo oí de su boca... como si mis pies bajo aquellas hojas de otoño sonaran a viejo chelo......

 

                                      A todos los que se quedarón en la cafetería, que nunca me parecierón tan locos.

                                                                         LokuRa

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres