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Un corazón equilibrista...LoKuRa

Dias de pan y queso

Dias de pan y queso Era un hombre mas bien pequeño, vestía siempre de gris y abrigaba su pelo blanco con una boina. Un hombre algo rudo, pero con mucho sentido del humor.
Así como yo ando descalza, el llevaba siempre zapatillas de cuadros y daba igual que tuviera que salir de casa, el lucia sus zapatillas como quien luce unos zapatos negros. Tenia una obsesión con la puntualidad, eso le llevo a coleccionar relojes, había una pared blanca llena de ellos, mi preferido siempre fue aquel reloj de cuco, a veces me sentaba frente aquella pared durante toda una hora, sin hacer nada, salvo esperar aquel pajarillo que por mas que lo esperaba siempre salía de aquel reloj por sorpresa.
Yo era la única que por falta de espacio no tenia habitación, ella que siempre andaba cantando me convenció de que el sofá era el mejor lugar de la casa, y era verdad.
Recuerdo aquel olor a ese tabaco que se fuma en pipa, tras el olor oía como unos pies que apenas se levantaban del suelo lograban traer un nuevo olor a su regreso al salón, un olor a pan caliente que crujía con el corte de su vieja navaja... entonces me levantaba apresurada y rascándome los ojos me ponía en frente de el;

- Acuéstate chiquilla que es muy pronto. Y a la vez me partía un trozo de queso y no había mas conversación hasta el momento en el que el cogía su abrigo para ser el primero que comprara el pan, a penas había abierto la puerta, que yo ya estaba mal vestida y sin peinar dispuesta acompañarlo, pero siempre se cerraba la puerta y yo me quedaba ahí, mirándola, como cuando esperaba que saliera el pajarillo del reloj de cuco, a su regreso yo seguía ahí, inmóvil, junto a la puerta.

Con el tiempo y viendo mi terquedad dejo de regañarme para abrocharme la chaqueta, entonces me revolvía el pelo y cogía mi mano cuando había que cruzar y no había mas conversación.
Aquel día con tan sólo 5 años aprendi el poder de la constancia y la paciencia, los dos aprendimos estoy segura
Aún a veces justo a las 5.30 de la madrugada me despierto y siento aquel olor a ese tabaco que se fuma en pipa, a pan caliente y queso, y espero tumbada en la cama aún sabiendo que el reloj de cuco no saldrá del reloj. No esta.
Desde entonces no puedo evitar sentirme de nuevo aquella niña y recordar a mi abuelo cuando alguien fuma tabaco, de ese que se fuma en pipa.
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